S03E05 "El eterno retorno"
El uroboro siempre vuelve a estar de moda
Ey, hola.
Soy Miguel Escribano y estás leyendo Gritando al vacío.
Puede que hayas oído el siguiente aforismo alguna vez:
La historia no se repite, pero a menudo rima
Es una frase hermosa y tiene mucho de verdad. Sin embargo, a mí siempre me han gustado más las anáforas. Igual por eso me pego tantas veces con las mismas piedras.
O a lo mejor la historia a veces es como uno de esos raperos de medio pelo que encadenan quince versos terminados en gerundio. Técnicamente son rimas, pero un tomate también es técnicamente una fruta. Oye, que no los culpo. Yo mismo hago verso libre porque me resulta tedioso buscar variedad en los finales.
El caso es que, por A o por B (poetry pun intended), cada cierto tiempo vuelvo a hacer las mismas cosas, cometer los mismos errores y sangrar por las mismas heridas, metafóricas y literales.
Y pienso que tiene que haber una razón para que se me abran de nuevo las cicatrices. Un motivo guay. Algo que no sea de chico triste, sino de chico interesante. Algo que pueda contar en las fiestas y que asombre a la gente. No sé. A lo mejor tengo escorbuto. A lo mejor soy un pirata.
Escribir ese último párrafo me ha hecho sonreír, porque he pensado que es algo que podría haber escrito la poeta Irene Díaz Lázaro. Así que lo he leído con la voz que le pongo cuando leo sus textos. Que ni siquiera es su voz de verdad, porque la he leído mucho más de lo que la he oído hablar. Pero así es el internet.
Creo que nunca he recomendado aquí ninguna newsletter, así que aprovecho para insistirte en que te suscribas a la suya. Que además resulta que, por completo azar, se publica los mismos días que Gritando al vacío.
Irene es la persona que quiero ser de mayor y sus textos son mucho más divertidos e inteligentes que los míos, así que, pensándolo mejor, ignora lo que acabo de decir y prosigamos con mi autoindulgencia.
Como decía, estas semanas he vuelto, para bien o para mal, a hacer cosas que llevaba mucho tiempo sin hacer. Una de ellas ha sido justamente recitar en Slams de poesía. Dos veces.
La primera vez fui al Poetry Slam Madrid sin voz ni poema ni intención de actuar, pero faltó gente, así que acabé terminando a toda prisa un texto que tenía medio armado justo antes de empezar el evento. Lo defendí como pude y una de las personas que votaba esa noche me dio un diez, en un ejemplo más de que la democracia no es un sistema perfecto.
Afortunadamente para todos, las otras cuatro puntuaciones compensaron el desatino y no pasé a la final. De lo contrario, no me habría quedado otro remedio que pasarme tres minutos en silencio, ante la estupefacción de los presentes.
Como soy una persona obstinada, ayer fui al Slam Poetry Getafe a recitar el mismo poemilla. En esta ocasión la hazaña quedó grabada en streaming y puedes verla, bajo tu responsabilidad, aquí. No estoy especialmente contento con la actuación, pero yo qué sé, llevo dos años sin recitar, que todos los problemas sean ese.
Por si no te va eso de las imágenes en movimiento, te dejo el texto. Pero te aviso de que leído pierde. Es lo que tiene la poesía escénica (la mala).
He vuelto. No sabéis quién soy, pero he vuelto. Nadie os dijo que me había ido, pero he vuelto. Alguna vez casi fui alguien y ya no me recuerda casi nadie. De los que saben quién soy algunos me aman, otros me odian y a la mayoría les doy igual. He vuelto a un sitio distinto del que me marché en una ciudad que no entiendo con unas rimas que no recuerdo. He vuelto, pero, ¿para qué? ¿para quién? ¿acaso irá bien? Yo qué sé. Qué vergüenza de métrica. Ya me perdonaréis pero he llegado por accidente. Pasaba por la puerta, he visto luz y ruido, y me ha dado por entrar. He vuelto y no tengo nada que contaros. Estoy hasta los cojones de hablar del cáncer y no tengo corazón para cantar de amor. Así que voy a hacer chistes, autoreferenciarme, ser meta. Todo lo que haga falta para que me veáis poeta. Puede que hasta haya algún pareado en consonante para generar cringe. He vuelto, he llegado. No tenía ni plan ni plano. Lo único que tenía claro es que necesitaba hablaros. ¡Joder! Una estrofa en rima de cuádruple A. Casi como un puto grito de ayuda del arte. ¡AAAA! Lo siento y gracias por adelantado. Os prometo que no lo hago por maldad, sólo por incapacidad. Pero como dijo un sabio, si no va a ser tu mejor bolo, intenta que sea el peor. He vuelto y ya no sé cómo hacía lo mío. Recuerdo que optaba por la épica y metáforas "descarnadas", que es otra forma de decir "de mierda". Por ejemplo... Dos años sin enarbolar un verso por el miedo al recuerdo de las manos manchadas de toda la tinta derramada. Cubierto de cicatrices pútridas y puntos saltados. Oliendo a pus y desesperación, pero con la sonrisa desquiciada del que sabe que, si ya está muerto, no puede volver a morir. Y sin embargo, puede sufrir. He vuelto como un zombie comecerebros, un vampiro sanguinario, o el monstruo de Frankestein, alienado por la carga de estar vivo y saberse humano. He vuelto por hambre, por sed y por deseo. De vosotros y de la gelatina de vuestros ojos y de los tímpanos de vuestros oídos y de las válvulas de vuestros corazones. Lo ansío todo, para mí y para nadie más, con el egoísmo propio de un adicto que ha recaído y va a mandarlo todo a la mierda por el siguiente chute de respiraciones contenidas y aplausos educados. Porque no nos engañemos, los ludópatas somos yonkis de perder no de ganar. ... Qué hastío volver para hacer lo mismo. Paso. No más monstruos. No más drama. Ya no soy un poeta gris. Ahora soy Gandalf el Blanco. Así que hola, me llamo Miguel. Acabo de nacer. Soy nuevo por aquí. ¿Queréis jugar conmigo?
Espero que pases una buena semana.
Chao.


