S03E06 "Magnifica humanitas"
Mi primera encíclica sale mal
Ey, hola.
Soy Miguel Escribano y estás leyendo Gritando al vacío.
Me estás leyendo. Y eso sólo lo sabes tú.
Yo sé algunas cosas. Sé que has recibido este email. Sabré, gracias a las métricas de Substack, si lo abres, cuántas veces y qué días. Si eres alguna persona en concreto, esos datos, o la ausencia de ellos, me importarán, seguramente de una forma desproporcionada. Puede que me obsesione con ese contador hasta el punto de hipotetizar las razones que te llevan a volver a leer esta entrega, cuando es posible que simplemente esté en tu bandeja de entrada y se recargue cada vez que abres el navegador. Esas cosas pasan, la tecnología tiene sus límites. Si llegaras a clicar en un link, también me enteraría, aunque no sabría cual, lo cual no deja de ser irónico. Y, por supuesto, si tuvieras a bien dar like o dejar un comentario, no me quedaría otra que darme por enterado de que interactúas de forma voluntaria y decidida conmigo.
Pero ninguno de todos esos datos me informan de si, efectivamente, me estás leyendo. Si rozas estas palabras con tus pupilas como acariciarías a un pequeño especimen que encuentras perdido y solo por azar, y al que temes dañar porque parece frágil y tu contacto podría serle letal. Si recorres estos descuidados senderos de oralidad enajenada de principio a fin, o si desandas tus pasos, o si te quedas a descansar en algunos párrafos, o si a medio camino recuerdas que tienes algo que hacer en mejores pastos. Si analizas los estratos de las bastas gemas que te ofrezco y determinas que el patrón de sus surcos se debe a un cuidadoso trabajo de artesano o si simplemente son fracturas resultado de una excesiva presión en el manto terrestre.
Tengo muchos datos, pero ninguno me dice si te sigo pareciendo ingenioso, inteligente y atractivo, o si te preocupo y me sigues leyendo para comprobar que sigo vivo. Si cada email que recibes es una alegría o un alivio. Si estás reuniendo fuerzas para felicitarme o desuscribirte.
Esta newsletter no iba a ir de esto.
Te iba a contar que he entregado el proyecto de mi primera serie de televisión y de lo orgulloso que estoy de ella. Iba a hablar de la primera encíclica del último papa (de ahí el título), de los memes sobre ser ateo y estar deseando que Leo declare la Guerra Santa contra las máquinas, sobre Dune y la Yihad Butleriana. Sobre la defensa descarnada que hace la Magnifica Humanitas de la inherente valía individual por encima de la capacidad productiva, y en contra de la jerarguización capitalista basada en resultados y utilidad. En última instancia, podría haber llegado a reflexionar con algún nivel de sutileza sobre hasta qué punto me está destruyendo y aislando compararme todo el rato con los demás, y bromearía sobre que el Papa me diga lo mismo que mi psicóloga.
Supongo que podría haber sido una entrega correcta. No buena, no mala. Mediocre. Y eso sería coherente, siendo que mi show se llama “Oda a la mediocridad”.
Pero esa no es la entrega que he escrito. No sé si es la entrega que querría haber escrito. No sé si querrías haberla leído. No sé si querría que la hubieras leído.
Como decía al principio, sé algunas cosas, pero hay otras que no. Y no puedo evitar pensar que las que desconozco son las importantes.
Sé que estoy muy cansado. Sé que necesito un descanso. Y sé que he hecho lo correcto al borrar lo que había escrito en vez de esta frase, porque este no era su lugar.
Pero no sé para qué existe esta newsletter. De verdad que no. Bueno, sí. Conozco perfectamente el plan racional, que para algo lo he pensado yo, de instrumentalizarla para lanzar mi carrera de comedia, con anuncios de Instagram y todo. Pero no sé cómo llegar ahí.
Porque ahora mismo Gritando al vacío no es una publicación humorística de la que extraer fragmentos para redes con los que hacer crecer una audiencia que compre entradas para mis shows. No lo es. Por no ser, ya ni siquiera puede ser una forma de intentar impresionarte a ti, que ya sabes quién eres, si es que vuelves a leerme.
Gritando a vacío es otra cosa que en absoluto sirve ninguna de esas funciones. Ha llegado el momento de afrontar la verdad. Esta publicación es lo que durante tanto tiempo he defendido a capa y espada que no es: un diario emocional excesivamente personal de mi inestable estado mental. Y eso no me gusta.
Así que voy a terminar aquí la tercera temporada de la newsletter. Mi intención era hacer un último episodio en dos semanas, después de mi 30 cumpleaños, pero es igual. Ya te puedes imaginar que, siendo yo, iba a ser muy melancólico e introspectivo, de modo que nos lo vamos a ahorrar, ¿vale?
Volveré con la cuarta temporada cuando esté mejor y sepa qué hostias quiero hacer.
No tengo forma de saber si me estás leyendo, pero, si lo haces, gracias.
Un abrazo.



Te estoy leyendo chaval!!!
Yo si te leo jajajaja