La tabla de contenidos
La tabla de contenidos: un mapa ajado y las órdenes.
La introducción: un buen sombrero para el sol.
Los microrrelatos: unas cartas de la hermosa Emily.
Las canciones de la semana: una armónica para tocar por las noches.
La despedida: un pasaje en el HMS Liverpool rumbo a las colonias.
La introducción
Ey, hola.
Soy Miguel Escribano y estás leyendo Gritando al vacío, la newsletter que se aventura a explorar el año 2025 con un sombrero salacot británico del siglo XIX.
Te escribo esta misiva la mañana del día 1 de enero mientras escucho el concierto de Año Nuevo. ¿Que cómo fue la noche más festiva del año? Pues gané una partida del Scrabble, me acosté pronto y procedí a dormir fatal hasta ahora. Gracias por preguntar.
Ya, quizás es un tanto irónico el contraste entre el sombrero colonial, con sus correspondientes largos viajes a ultramar, y las pocas ganas que tengo en este punto de mi vida de cualquier aventura que implique alejarme más de 5 minutos de mi casa.
Pero así soy, poliédrico y fascinante, y vivo cabalgando mis contradicciones, como dijo aquel. De modo que afronto este nuevo periodo con la ecléctica mezcla de alegría, miedo, ilusión, hastío y confusión que me caracteriza. Y una pizca de ira, por supuesto, eso no puede faltar. La ira es la sal de mi existencia: siempre me paso de cantidad y seguramente a la larga me provoque problemas cardiovasculares.
Por supuesto, también tengo propósitos de año nuevo, como cualquier hijo de vecino. Sin embargo, a diferencia de muchos de mis congéneres, he tenido la decencia de elegir dos que esté en disposición de cumplir. En concreto mi propósito es continuar haciendo cosas que ya hacía en 2024, pero más y mejor.
Por un lado, escribir. Asumir el compromiso con esta newsletter ha supuesto un importante cambio para mí. Ahora que ya he estabilizado el formato, toca seguir trabajando semana a semana para pulir y subir el nivel medio del contenido.
Como muestra de mi compromiso al respecto, he decidido soltar unos eurillos para que esta newsletter pase a estar alojada en news.miguescri.com en vez de la antigua URL de Substack. Soy consciente de que esto no le importa una mierda a nadie más que a mí, pero pienso que así parece, irónicamente, una publicación más seria.
Otro punto importante para hacer sostenible en el tiempo este proyecto es distribuir la carga de trabajo a lo largo de la semana para no tener que escribirte las malditas cartitas en la madrugada del sábado al domingo.
That would be nice.
Para ello voy a seguir usando una forma de trabajo que he intentado integrar a lo largo del 2024: el método Seinfeld.
Acuñado por el cómico muchimillonario Jerry Seinfeld, este método consiste en escribir todos los días un mínimo de veinte minutos. Si lo consigues, marcas ese día en el calendario con una X roja enorme. Y ya está. Este es el método. Da igual si lo que has escrito es la Divina Comedia o un cubo de mierda de ñu. Lo único que importa es que haya el máximo número posible de Xs, a poder ser encadenadas. Fin.
El método Seinfeld es útil para crear cualquier hábito, pero es especialmente interesante para labores creativas, porque acostumbras a tu cerebro a trabajar regularmente sin presiones en periodos cortos que no te agoten (y consiguientemente disfrutables), y porque ayuda a interiorizar que esto es una carrera de fondo y que crear algo interesante no pasa por que un día de repente se te aparezca la virgen, sino por generar mucho contenido que luego editarás y borrarás.
Esa es la teoría, claro. Luego viene llevarlo a la práctica. Por ejemplo, aquí está mi resultado de este año:
No deja de hacerme gracia que el día que me compré el calendario ya se quedó en blanco. El primero de muchos. Pero, teniendo en cuenta las diversas movidas que han ocurrido este año, y que algún día se me habrá olvidado apuntarlo, considero que es un comienzo aceptable. De ahí al cielo.
Por otro lado, mi segundo propósito es volver a ponerme fuerte. Este año han pasado “cosas” en varios momentos que me han alejado del gimnasio y he perdido tanto la rutina como la forma física. Y no veas lo que me jode.
Puedo aceptar con tristeza haber dejado de estar ancho, puedo resignarme a que me haya asomado una barriga cada vez más abultada, puedo incluso apretar los dientes ante el hecho de que vuelve a dolerme la espalda por la falta de musculatura, pero lo que me ha roto completamente ha sido darme cuenta de que ya no tengo el culo duro. Y, como persona que tiene un bloque de monólogo exclusivamente dedicado a defender que tener los glúteos fuertes es lo que diferencia a la élite de la chusma, no puedo tolerarlo.
Así pues, que se preparen esos jovenzuelos hormonados del Synergym, porque pretendo enfundarme de nuevo mis pantalones cortos del instituto y mis camisetas de deporte de carreras benéficas, y les voy a enseñar quién manda. Como ya afirmé en la primera entrega de diciembre:
We are so fucking back.
Pero antes, tomemos un té. Que para algo me ha poseído el espíritu del imperio británico.
Feliz año.
Los microrrelatos
La frase de esta semana era Como desde los noventa, pienso. De verdad que las frasecitas cada vez están escogidas a más mala hostia, pero allá vamos.
Oídos sordos
Como desde los noventa, pienso. No he hecho otra cosa en décadas. Observo vuestras decisiones y pienso en qué salió mal. En qué podría haber hecho mejor para salvaros.
Durante un instante creí que lo había logrado, que habíais entendido el peligro y que el miedo os llevaría a actuar. El miedo siempre había funcionado con vosotros. Pero ganó el dinero.
Después de dos mil años sólo puedo mirar mientras os abocáis al final del que os avisé hace cincuenta.
Ahora ya no tengo energía para más viajes, para más avisos. Tampoco puedo escapar. Estoy atrapado con vosotros en este planeta en llamas.
He fallado.
De carne y hueso
Como desde los noventa, pienso principalmente, aunque de vez en cuando me dan algún cacho de lo que comen ellos.
Antes de eso no recuerdo muy bien qué hacía, pero no comía, eso seguro. Me acuerdo perfectamente de la primera vez que comí, cuando ellos me encontraron en el bosque. Fue extraño. Sentí cómo se formaba mi interior a medida que ese pedazo de pan me recorría. Me hice mortal.
A veces, cuando duermo, sueño con cómo era antes. Veo a algunos de los otros y los echo de menos. Creo que ellos también me echan de menos a mí, aunque ahora sea de carne.
El recuerdo
Como desde los noventa, pienso en ti cada día.
Cuando me despierto, cuando me ducho y cuando me miro en el espejo. Cuando como y ceno. Cuando me meto a la cama y justo antes de quedarme dormido.
Pienso en ti cuando me subo al autobús y te imagino ahí sentada, hace tantos años. Revivo ese trayecto y las miradas de reojo. Aquella sonrisa, una risa por lo bajo y mejillas sonrosadas.
Recuerdo no atreverme a hablarte. Bajarme en mi parada y verte amagar una palabra. El sonido de las puertas antes de que pudieras pronunciarla.
Entonces recuerdo leer el titular. Y rompo a llorar.
Las canciones de la semana
Escuchar a Cosmo Sheldrake siempre me pone de buen humor, así que espero que esta selección te ayude a empezar bien enero.
Puedes escuchar la lista de reproducción entera aquí.
La despedida
Chao. Hasta luego. Adiós.
Un beso.